Inicio del proyecto Un Banquillo Amigable: Morrorico – Bucaramanga

Salud Mental Comunitaria

El Poder de Escuchar: Nace «El UBA» en Morrorico

A veces, la cura para un corazón abrumado comienza con una simple invitación: «Siéntate, hablemos». Así inicia este gran proyecto en la Comuna 14.

La salud mental no debe ser un privilegio que se atienda a puerta cerrada, ni un lujo inalcanzable. En un mundo donde la ansiedad y la desesperanza a menudo ganan terreno en silencio, el Club Rotario Bucaramanga Chicamocha decidió salir a las calles, llevar la escucha activa al espacio público y crear un refugio seguro a plena vista de todos.

Las imágenes que acompañan este lanzamiento son el testimonio de nuestra primera jornada de prevención en salud mental. Con brochas, pintura y mucha voluntad, iniciamos la materialización de El UBA (Un Banquillo Amigable) en el corazón de Morrorico. Pero, ¿por qué un banquillo?

«No es solo un mueble de madera; es una red de contención comunitaria. Es un espacio que le dice a la persona que sufre: ‘No estás solo, te vemos, te escuchamos y estamos aquí’.»

Para entender la magnitud y el alma de este proyecto, debemos mirar sus tres pilares fundamentales: su origen científico, la realidad del territorio que abrazamos y el compromiso de la familia Rotaria.

1

El Método OMS

Inspirado en el «Friendship Bench» de Zimbabue, avalado por la OMS. Consiste en capacitar a líderes comunitarios en primeros auxilios psicológicos y terapia de resolución de problemas. Quien se sienta abrumado, se sienta en el banquillo y es escuchado por alguien de su propia comunidad, sin juicios ni estigmas médicos.

2

Comuna 14

En las empinadas calles de Morrorico habita una comunidad valiente y trabajadora, pero que carga con el estrés diario de la desigualdad y barreras de acceso a la salud. Instalar El UBA aquí es un acto de justicia social, llevando el cuidado emocional allí donde el sistema de salud tradicional a veces no alcanza a llegar.

3

Acción Rotaria

Como rotarios, nuestro compromiso va más allá de donar el banquillo. Articulamos fuerzas, formamos a los «embajadores de la escucha» y hacemos seguimiento. Con nuestras propias manos preparamos el terreno, convencidos de que una comunidad que se escucha a sí misma, es una comunidad que sana.

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